Otras interesantes voces femeninas serán Ann Peebles, profunda y clara voz sobre melodías inusualmente bellas y de ritmo reiterativo. Minnie Riperton, voz fascinante, tierna, optimista y decidida, pero a la que un desgraciado y terminal cáncer en plena juventud, le privaría de mayor gloria. Y también estaba Dionne Warwick, llamada le "venus de Nueva York" y que perteneciente a una extensa familia musical -Whitney Houston es sobrina suya- aprenderá a cantar en la iglesia hasta dotar su voz de un timbre frío y estudiado, de gran influencia para cantantes posteriores.
En el lado masculino sería imperdonable obviar a Bill Whiters, una de las más insólitas personalidades de la historia musical. Instalaba lavabos para aviones cuando grabó su primer trabajo, una inspirada versión negra de cantante folk, estilo que adaptaría más tarde como propio y para el que, evidentemente, en un tiempo de luces, color y baile, no habría sitio. Aún así, su estilo soleado y humanitario será aplaudido gracias a colaboraciones en las que presta su voz a grandes instrumentistas como The Crusaders o Grover Washington Jr.
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