Buscando los orígenes de la música disco, estos los encontraremos principalmente en dos zonas claramente definidas: Filadelfia, la ciudad del amor eterno, y la siempre cálida Miami.
Filadelfia siempre gustó del ritmo y el baile, no en vano su sonido acabará tomando personalidad propia en lo que terminará por denominarse, como no podía ser de otro modo, Sonido de Filadelfia. Se tratará de un estilo musical insertado en la mejor tradición orquestal norteamericana, y frente al cual, el público blanco mostrará una actitud contradictoria: por una parte despierta una ambigua admiración, pero serán muchos los que de la inicial incomprensión pasen al rechazo más absoluto. Les parecerá más fácil comprender a un músico de blues negro, rústico, pobre y sudoroso, que a otro culto, preparado y autosuficiente, desentrañando la maraña instrumental de una gran orquesta. Es así como las grandes producciones salidas de esta peculiar sociedad, venderán toneladas de discos sin que el trabajo de sus creadores sea apenas reconocido.
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