En 1984, Wea Records, atenta a las intenciones de Rubén Blades, le fichará decidida a convertirlo en el portavoz oficial de la latinidad frente al mundo anglosajón. Ya en el primer disco de esta nueva andadura, Blades pasará a combinar con absoluta decisión los ritmos de la salsa con armonías de fusión, instrumentos electrónicos, raíces callejeras y grandes dosis de comentarios político-sociales. El resultando será tan contundente que todavía hoy se siguen coreando muchos de sus estribillos. Seguirán nuevos trabajos y ese modo de no hacer las cosas simplemente por casualidad. Todo en su música y en su persona seguirá obedeciendo a motivaciones lógicas y premeditadas, centrando en los problemas de Latinoamérica toda su obsesiva atención. Colaborará con músicos de la talla de Joe Jackson o Lou Reed al tiempo que consolida en convincentes papeles secundarios una prometedora carrera cinematográfica. Hasta se aproximará al rock cantando en inglés para buscar así su consagración internacional, algo que en un autor con canciones tan espléndidas como las suyas es toda una cuestión de honor.
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