Cualquiera que asista a una fiesta o celebración y contemple a todos los asistentes deshaciéndose de gusto y saliendo atropelladamente a bailar, o simplemente a enlazar sus manos con los brazos en alto, si entre las interpretaciones surge el sonido tex-mex, podrá llegar a la conclusión de que el extraño encanto de lo hispano aplicado al rock and roll se traduce sobre todo en cantidades de diversión.
El tex-mex es una fuerza de la naturaleza. Es una prueba evidente de que la mezcolanza cultural norteamericana puede dar a luz las mayores chaladuras, aunque no exentas de encanto. Con el tex-mex el rock and roll y el mariachi se dan la mano para producir una música bailable que se disfruta junto a cócteles margarita, mezcal agusanado y cerveza "doble equis". El tex-mex constituye un delicioso experimento de despuritanización que implica no sólo a tejanos y mejicanos. La cosa será mucho más amplia, desplazándose su sonido de Tejas a California y a cualquier lugar en el que haya tres o cuatro hispanos alegres alrededor de un plato de frijoles.
No hay comentarios:
Publicar un comentario