viernes, 11 de junio de 2010

Música Disco (VII)

Con los precedentes de Filadelfia y Miami, el nuevo oro negro que supuso la música de baile en los setenta acabará liberalizando a la sociedad norteamericana. Una sociedad que tras las luchas por los derechos civiles en los sesenta, cuenta ya con una asentada, próspera y culta burguesía negra para la que los estudios universitarios, las grandes casas, la ropa elegante, las joyas y los coches constituían prácticamente una reivindicación social. Y será precisamente la música negra de estos setenta la que reflejará esta situación: la euforia invade los estudios de grabación y dos intereses polarizan la atención de los músicos; el sexo, como de costumbre, y los temas sociales.
En lo musical habrá una tendencia generalizada hacia la sofisticación orquestal de la mano de productores dispuestos a despilfarrar presupuestos y medios hasta encontrar una música que podrá ser dulce, bailable, intelectual, comprometida o callejera, pero nunca pobre, humilde o pesimista.




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