A finales de los sesenta, la discográfica Capricorn Records muestra interés por The Allman Brothers y se decide a buscarles un productor de garantías, con el que grabarán su segundo álbum en 1970. Para entonces la banda ya ha conseguido pulir sobresalientemente su sonido, con una voz que se desgañita con el blues y unos dedos que corretean velozmente por la guitarra eléctrica de Duane Allman. En los temas largos usarán esquemas cercanos al jazz, con ciertas partes improvisadas mientras la percusión y los teclados mantienen cierto acercamiento a grupos de rock latino como Santana. En 1971, recogiendo su potencial directo, grabarán un magnífico álbum doble que conseguirá que muchos críticos terminen por considerar a The Allman Brothers como la gran esperanza norteamericana. En todos los estados del sur su música refleja una encendida conciencia del pasado, perfectamente aliñada con el delirio que sus intensas estructuras musicales causan en cada celebración colectiva en la que participan.
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