Su recién adquirida condición de estrella del rock y la muerte por sobredosis del guitarrista de sus Crazy Horse, le empujarán a realizar una serie de obras descarnadas, inquietantes y sombrías, donde definitivamente enterrará la utopía hippie desde la desgraciada experiencia personal. En 1975 volverá su centelleante guitarra en un nuevo trabajo que anuncia su recuperación, dando paso a años de mayor relajación que nos traerán entre otras cosas una muy sensata recopilación de sus éxitos en formato triple. Nuevos aires country lo envolverán hasta 1979, año en que, como si de un hijo pródigo se tratara, nos depara su feliz regreso a los brazos del rock. Desde entonces Neil Young ha saltado de generación en generación sin que nadie pueda reprocharle nada, pues a pesar de sus múltiples vaivenes y su deambular sin rumbo, siempre cabe la posibilidad de que nos sorprenda como sucedió con su nominación al oscar por su interpretación en la banda sonora de Philadelphia, película que logró devolvernos a uno de los perdedores más geniales y apreciado de la historia del rock. Que se lo arrebatase Bruce Springsteen participando en la misma banda sonora, no hace más que confirmar su leyenda.
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