Descubierta la guitarra, su ídolo en aquellos días de adolescente será Hank Marvin, guitarrista de The Shadows. Poco después, las canciones de The Beatles le empujan a transitar por varios conjuntos de su ciudad hasta que, a mediados de los sesenta, viaja a Nueva York donde grabará algunas maquetas para el sello Motown sin que nada ocurra. A principios de 1966 llegará a Los Angeles para desembarcar en esa maravillosa aventura que se llamó Buffalo Springfield, con quienes tras una atribulada trayectoria y tres álbums excelentes, desaparecerá el guitarrista intrépido para dar paso al nacimiento del Neil Young cantautor solista y músico atormentado entre la paranoia y la autocompasión. Arropado en su segundo disco por una excelente banda llamada Crazy Horse, su música dará un giro total hasta consolidarse en una extraordinaria madurez con la llegada de su tercer trabajo en 1970. Es en este momento cuando se toma un descanso en su carrera para arropar a Crosby, Stills & Nash, tras cuya aventura llegará su primer número uno, de nuevo en solitario.
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