En 1974 llegarán nuevas canciones de Leonard Cohen, que acompañadas por nuevos bríos, borrarán cierta polémica sobre su posible y temprana retirada. Ese mismo año actuará por primera vez en España dentro de una nueva y arrolladora gira europea, no sin sufrir los últimos coletazos de la censura franquista. También será polémico su siguiente trabajo por falta de entendimiento con su nuevo productor, quien para que el cantautor no meta baza, llega a secuestrar las cintas de grabación: el resultado es un disco despersonalizado y lejos del Cohen que todos esperan, acentuándose al mismo tiempo su retraimiento y silencio. Desgraciadamente, aquel incidente también consigue que cada vez se espacien más sus trabajos. Trabajos que los que le siguen desde hace mucho, esperan con la avidez de quienes aguardan ser de nuevo encantados por esa voz monótona que nos sigue recordando la coherencia y el valor de su obra, elementos que han permanecido intactos en todos estos años que Leonard Cohen nos hace esperar.
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