Soul es densidad emocional, grandeza vocal, medicina espiritual, ostentación racial, optimismo generacional. Como ocurre con tantas otras descripciones de la realidad musical, sus fronteras son tan inciertas que a todo disco cantado por artistas negros, se las ha aplicado el término soul durante más de treinta años. Sea como sea, su música, heredera directa del rhythm and blues y del gospel de las iglesias expresa de forma contundente el orgullo racial de la minoría negra durante los años sesenta. Durante tan brillante década, se levantarán apasionadas voces capaces de emocionar a medio mundo: porque el soul no se queda en la marginación de los barrios de donde procede, sino que tal y como consiguió, pretendía ser el alimento espiritual de todos aquellos que lo disfrutaban. Alimento del que que gozarán además, infinidad de estrellas del rock blanco. Y ese es parte de su poder: su riqueza vocal y la capacidad de sus canciones para captar sentimientos universales lo han convertido en un género sin edad. A nadie debería de extrañarle pues que muchos años después de su descubrimiento, sigan ocupando por mérito propio lo más alto de las listas de éxito.
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