Sam Cooke, leyenda del soul, fue extraordinariamente popular en vida hasta que una turbia noche de 1964 es asesinado por la conserje de un motel de Los Angeles: allí se había registrado con una jovencita de 22 años a la que, según declararía esta posteriormente, intentó violar. Asustada, la joven sale corriendo de la habitación llevándose con ella casi toda la ropa, por lo que el cantante va en su persecución medio desnudo antes de tropezar con su accidental verdugo, quien, a pesar de declarar que lo hizo en defensa propia, le dispara hasta tres veces antes de rematarlo a golpes poco después. Un escabroso final que empañaría sin remisión su amable imagen pública, su carácter de intérprete nada engreído y su elegancia. Sin embargo, para la comunidad negra su muerte será la de un mártir, la de un héroe que ha sido abatido por alguien de raza blanca por su influencia, su independencia y, sobre todo, por su discreto pero evidente orgullo racial.
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