Los constantes y oportunos lavados de cara de ZZ Top les han permeabilizado a los sonidos y conceptos contemporáneos. Del bar de carretera a la sofistificación digital sin perder la dignidad. Antes eran una banda consecuente con las exigencias de la época; ahora una pintoresca atracción pop cuyos vídeos son dieta obligada en los programas musicales de televisión.
Su gran baza son los conciertos. Su gira de 1976 casi parecerá una feria ambulante. Junto al trío podían contemplarse diversas especies animales procedentes del sur: coyotes, víboras, búfalos...Todos ellos en vivo. Incluso hoy, sus giras más recientes no andan a la zaga: gigantes máscaras de Tutankamon echando láser rojo por los ojos sobre un escenario central donde, completamente de negro y con el chiflado remate de una gorra de beísbol, asoman la guitarra de Billy Gibbons y el bajo de Dusty Hill.
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