Entre las compañías discográficas que componen la historia del rock, Motown puede catalogarse de única por haber dado nombre a un estilo que aún hoy, todavía sigue vigente. Regida de forma patriarcal por Berry Gordy, fue una auténtica fábrica de éxitos -más de 100 números uno lo avalan- de insospechada eficacia, y en la que se curtieron artistas de una talla gigantesca. Era música negra, con voluntad de llegar a un público universal, que rompió barreras racistas y acabó dejando atrás el guetto de su ciudad natal para instalarse en la rutilante California. A Motown se la comparó con la cadena de montaje que la empresa Ford tenía en Detroit, ciudad en la que nace. Un símil nada descabellado: por las puertas de su sede pasaban innumerables aspirantes al estrellato, muchachas y muchachos de los barrios negros marginados. Los más afortunados reaparecerán unos meses después convertidos en seductoras figuras del mundo del espectáculo moldeadas por coreógrafos, profesores de canto y expertos en buenos modales.
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