jueves, 15 de abril de 2010

Motown: del influjo ambiental al nombre propio

Las canciones de Motown eran insidiosas. Sus letras se referían habitualmente a problemas del corazón; lo hacían con lenguaje cotidiano, pero desarrollando las situaciones con contundencia y claridad. Su gancho emocional era irresistible, amplificado por el poderío de las voces. Al refinamiento musical se contraponía la intensidad volcánica de la mayoría de los cantantes y el ardiente entramado de respuestas ofrecidas por asombrosos coros, herencia directa de las iglesias. Y todo presentado con mezclas de gran pegada gracias a la disposición de dos grabadoras de ocho pistas -de fabricación casera- cuando el resto de la industria todavía funcionaba con aparatos de dos o cuatro. Sus discos, ricos en graves y agudos, parecían estallar del interior de los diminutos altavoces de los transistores de aquella época. Estallidos que duran hasta 1971, año en que Berry Gordy traslada la compañía a Los Angeles, deshaciendo junto al equipo, aquel influjo ambiental y aquella identidad.


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