lunes, 5 de abril de 2010

Folk: Bob Dylan (XI)

Cuando Dylan se recupera, sus ansias de grabar son inmensas y lo hace casi a disco por año. Son discos felices y amables, muy cercanos al country, los que le acompañen hacia los setenta. Antes, y en la isla de Wright, se producirá su reencuentro con los escenarios ante 200.000 personas. Y en ese olor de multitudes, recibirá de la Universidad de Princeton, el doctorado honorífico en música. Entrado en la nueva década, serán muchos los que se escandalicen al contemplar como Dylan, aquel animal político y proveedor de consignas se va diluyendo entre alegatos a favor de la vida familiar, las puestas de sol y el sentimentalismo. Pero, aún siendo esto cierto, Bob Dylan sigue con fuerzas para prodigarse en deseos de servir a causas justas: participa en el Concierto por Bangladesh, graba un tema homenaje al desaparecido líder negro George Jackson y se involucra, con su canción Hurricane, en la defensa de un joven boxeador de raza negra. Sus amores filosóficos se intensifican al tiempo que cae en las redes del cine, tanto como actor como compositor de bandas sonoras.


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