Si las aproximaciones de Bob Dylan al country en la segunda mitad de los años sesenta causaron cierto escándalo, en los setenta, con el ansia de una vida más simple y pegada a la tierra, se producirá una momentánea reconciliación entre el rock y uno de sus sonidos progenitores. Los protagonistas son grupos californianos y renegados musicales de Nashville, cuna del más profundo country americano. Casi sin pretenderlo, entre unos y otros recuperarán tanto la vertiente sentimentalista y lacrimógena como el lado más festivo de su música. Los estudios de grabación más puristas, muy reticentes en principio, terminarán aceptando la invasión de estos nuevos valores del rock, y cuya avanzadilla se autodenominará "forajidos", apelativo con el que marcar así la distancia existente entre ellos y los sonidos más convencionales: esa música que por entonces era solo para vaqueros, conductores de diligencias y otros mastodontes mecánicos que circulan por las interminables carreteras que cruzan el desierto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario