Si bien The Byrds se adjudicaron la inauguración oficial del country rock, Flying Burrito Brothers escribieron las más gloriosas páginas del género. Y en ambos casos hubo un mismo responsable, Gram Parsons, poseedor de una voz de ángel triste que encarnaba con perversa ironía y sentimiento sus conflictos internos, un chico de buena familia atrapado entre el sur profundo y cristiano, y los excesos de la ciudad del pecado. Una agitada biografía que terminará por convertirlo en mártir de lujo. Con él, Flying Burrito Brothers fueron los primeros cowboys eléctricos que suponen un reto adelantado a su tiempo gracias a su mentolada simbiosis de imagen hippie y a su afán por repescar la tradición. Para el público vaquero no son más que otros hippies greñudos; para el del rock, en una época radical, aquello era country, el odiado estandarte del conservadurismo nacional. Tal vez por eso, cuando aparecen con sus floridos trajes en la portada de su primer disco, nadie los acepta. Años más tarde, la evidencia los presentará como los constructores del sonido californiano de los setenta y el modelo a imitar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario