En aquellos tiempos primerizos del country rock, los sueños de cambio se habían convertido en pesadillas y el rock era una unidad cultural rota que había perdido su papel de portavoz generacional: ya no tenía sentido alguno peregrinar a San Francisco. Han llegado los tiempos vacíos en los que la gente agazapada en la sombra hasta entonces, intenta abrirse camino. En 1971, y en la ciudad de Los Angeles, un grupo de músicos con sobrada experiencia decide intentarlo. Su nombre: Eagles.
Escuchando un año más tarde su primer trabajo, tal vez nadie pudiera imaginar que se convertirían en uno de los grupos más taquilleros del planeta. Se trata de un disco agradable, de nítidas y cristalinas guitarras acompañando a unas voces ensambladas con maestría; la fragua perfecta sobre la que moldear los cimientos del country rock. La falta de mordiente en las composiciones más aceleradas será contrarrestada sobradamente con lo soleado y pulcro de sus pasajes más tranquilos.
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