El hallazgo de su nuevo grupo es Max Middelton, un pianista ágil e imaginativo que excita la inventiva de Jeff Beck. Sin embargo, y manteniendo lo que parece su regla de oro, antes de que transcurran dos años deshace la banda para cumplir un antiguo proyecto: formar un grupo de rock donde solo tengan cabida sus instrumentos básicos, guitarra, bajo y batería. Anclado desde ese instante en el circo de los supergrupos, terminará haciendo música con la que cumplir las demandas del mercado, para en 1974 abandonar el proyecto y, en arriesgada pirueta saltar hacia el jazz rock en un nuevo disco en el que de nuevo Middelton le acompañará al piano. Paradójicamente, Jeff Beck, un virtuoso del blues rock, conseguirá su único disco de oro en ventas con este trabajo. A partir de entonces, y con el atrevimiento de introducir el sintetizador en sus nuevas composiciones, nada de cantantes, nada de grupo estable, y si mucho de sonido evolucionado y fantasía para multiplicar mejor que nadie las posibilidades de su guitarra.
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