Aerosmith tienen como voz cantante a Steve Tyler, pura fotocopia de Mick Jagger que esgrime idéntica entonación y chulería, y hasta los mismos labios saltones. Su arranque en 1975 ya los elevaría a estrellas de platino con su mortífero cocktail de acordes a lo Rolling Stones y melodías perversas, pero a los que el éxito y las giras reblandecieron hasta perder la inspiración y las ventas. Su deriva en poco más que baladistas casi inofensivos les devolverá parte de su encanto inicial. Por su parte, Black Sabbath eran pura misa negra. Odiados a muerte por la crítica, fueron capaces de vender millones de discos convocando a macarras, hippies, horteras de discoteca y curiosos. Su ingeniosa mascarada de sonido monumental, imágenes sobrecogedoras y abuso de los graves y el volumen, inaugurará lo que hoy conocemos como rock gótico, un subgénero probadamente inmune al paso del tiempo y las modas. Blues rock deformado por una apisonadora de efectiva truculencia cargada de truenos, cruces, amenazas guitarreras y la voz maligna de su cantante Ozzy Osbourne, para sembrar el terror entre los adolescentes. Tras docenas de discos y con una fórmula ya agotada, emprenderán la retirada en 1979, si bien su líder consolidaría experimentos posteriores.
No hay comentarios:
Publicar un comentario