Y cuando ya se especulaba con el tiempo que le quedaba a su hígado o con la matrícula del coche que lo atropellaría, Tom Waits escapará de la quema confirmando una vez más que los milagros existen. Este californiano nacido en 1949 que ha narrado como nadie la vida de la calle, el ambiente nocturno de los peores barrios y las más terribles pesadillas que pueden perseguir a un ser humano, conseguirá la ayuda de varios amigos. Entre ellos el cineasta Francis Ford Coppola, quien admirador de sus excéntrica pero exquisita propuesta musical, no solo le encargará la banda sonora de la película que rueda en ese instante -Corazonada-, sino que también le empezará a dar anecdóticos papeles en varias de ellas, como en Drácula en 1992. Recuperado para el mundo y gracias a estos nuevos trabajos más estables, Tom Waits se dará una tregua con la que seguir experimentando. Variando estilos que le devuelven a sonidos más melódicos, a extraños instrumentos de percusión y con un contrabajo más marcado, su voz, ya sea a través de canciones o simples monólogos con música de fondo, seguirá siendo su carta de presentación.
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