Estamos en 1977. Un quinteto capitaneado por los argentinos Alejo Stivel y Ariel Rot, acaban de formar el primer grupo pop madrileño que consigue grabar y tener éxito. Sus primeras actuaciones tendrán lugar en patios de colegio y salas de baile, y su primer disco todos los defectos de la improvisación y la falta de recursos. Corregidas las deficiencias, el segundo trabajo será otra cosa. Un sonido pop brillante, fresco y contagioso que además les abrirá rápidamente todas las puertas a las que llamen: pósters, ediciones para coleccionistas, miles de colegialas con sus fotos pegadas en la carpeta, clubes de fans, representantes de lujo, portadas a todo color en las revistas, tratamiento de estrellas en radio y televisión...Tequila atraerá hacia el mundo del rock a grandes masas juveniles para poco después y sin motivo aparente, desaparecer del panorama musical. Precisamente cuando habían conseguido lo más difícil: un nombre, un sonido y una popularidad ganada a pulso y de la que ya no disfrutan con sus aventuras en solitario, si exceptuamos el paréntesis de éxito que supondrán Los Rodriguez, con dos de sus miembros -Ariel Rot entre ellos- en su formación.
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