En su música hay sensualidad y brasas de insurrección, una profundidad de sentimientos que Bob Marley desgrana con su voz diminuta, arropado por los maravillosos coros femeninos de las I-Threes y envuelto en una pegajosa neblina musical de bajos omnipresentes, rasgaduras de guitarra, subrayados de viento y metal, y engrudo de teclados.
Además, otra cosa que no se le podrá negar es carisma. Una figura enjuta que en el escenario parecerá poseída por fuerzas ancestrales. Resistirá los embates de la fama sin ceder un ápice en sus creencias, discutirá con los que no acepten la divinidad del emperador etíope Halie Selassie -según los "rastas" profeta en la tierra de su dios- y recorrerá todos los países sin que los agentes de aduana descubran sus reservas de marihuana. Un elegido que en 1976 sufrirá en su casa el asalto de unos pistoleros que disparan contra él, su mujer y su mánager. Sobreviven y el ataque queda envuelto en el misterio; venganza por unas deudas o represalia por su apoyo al gobierno socialista serán algunas de las hipótesis.
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