Para cuando lleguen los setenta, el reggae ya habrá logrado su mayoría de edad. El público ha descubierto al fin su faceta de música comprometida - y sus señas de identidad- y abre sus puertas a un sinfín de artistas jamaicanos, poseedores todos ellos del increíble legado que esta isla caribeña ha reportado al mundo del rock. Pronto aparecerán los primeros peinados "rasta", las banderas de Jamaica y la marihuana, de la mano de gente como The Black Uhuru, que surgidos en 1975 mantendrán siempre una alta conciencia de negritud a pesar de abandonar Island Records y fichar por Virgin. O como Dennis Brown, adolescente prodigio de clase media convertido en uno de los autores más respetados en los setenta y ochenta; gran autor y cantante, no hay duda de su talento cuando se escucha alguna de sus canciones. O Gregory Isaacs, el más sensual, dulce e intimista de los cantantes de reggae; una especie de estrella nacida en el guetto capaz de emocionar a las más fervientes audiencias, quienes conocedoras de todas sus canciones, apenas le dejarán cantar en sus actuaciones.
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