Velvet Underground podía pasar del pop más sedante a la crudeza más inhóspita, pero siempre mostrando un perfecto negativo de la excitación, violencia y miseria segregada por la sociedad que les tocó sufrir. Eran primitivos y sofisticados a la vez; verdadero rock de arte y ensayo con mala suerte. Brian Epstein, mánager de The Beatles los quiere para su editora, pero su súbita muerte cortará de raíz el proyecto. Al mismo tiempo, Andy Warhol, artista de la creatividad pop surgida en aquellos tiempos y mecenas dictatorial del grupo, les cerrará toda posibilidad de crecer fuera de sus fronteras. Malditos por excelencia, y en una época de psicodelia, paz y amor, se convertirán en el "mal viaje", un tumor maligno en el risueño rostro de la América hippie, y al que California ignora convirtiéndolos en una lacra de la locura neoyorquina. Ni siquiera merecerá la más mínima atención por parte del público el aval creador de alguien como Warhol, quien también diseña sus portadas, hoy motivo de culto. Una relación, mero antojo del artista que, por otra parte, termina cuando este se aburre de ellos y les abandona a merced de la supervivencia.
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