El turismo, en pleno auge durante los años sesenta, también ayudó a la ebullición musical de aquel momento. Millones de europeos -y europeas- acudían principalmente a las costas mediterráneas favoreciendo el trabajo de muchos conjuntos, que además de actuar, se verán casi obligados a combinar adaptaciones de éxitos foráneos con canciones y ritmos aflamencados -typical spanish-, con un esfuerzo voluntarioso y, en muchos casos, en contra de sus aspiraciones artísticas. Este esquema funcionará cada verano con una pléyade de conjuntos que de cuando en cuando sorprenderán tanto en sus actuaciones como en sus discos, si bien dentro de un ámbito meramente regional -sobre todo en Cataluña y en Baleares- y con poco acercamiento por el resto de la península. Aumentarán las posibilidades de éxito y trabajo, por lo que también se asiste al desembarco de bastantes músicos extranjeros que intentarán establecer en España sus cuarteles generales. A los tradicionales intérpretes italianos y franceses que suelen participar en festivales de la canción como el de Benidorm, se unirán unos cuantos grupos extranjeros, devotos del pop inglés, que sabrán adaptarse e incluso cantar en castellano.
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