Llegados los últimos años sesenta, el pop español se presenta como una música con bastantes ambiciones gracias a gente como Los Bravos, Los Brincos o Los Pekeniques. Ya no se conforma con ser una mala copia y busca conjugar las particularidades locales con el original anglosajón. Las nuevas canciones de Miguel Ríos serán de las que mayor éxito obtengan, obligándole a profundizar en los orígenes de aquella música que tan buenas sensaciones le transmite. Quedará fascinado por los cambios aportados por el movimiento hippie, convirtiendo en necesidad el conocerlos de cerca. Y lo conseguirá gracias al afortunado éxito mundial de su Himno a la alegría, una excelente y vibrante interpretación sobre música sinfónica de Beethoven por la que es invitado a viajar a Estados Unidos para mostrarla al universo; su sueño se ha cumplido. De vuelta a España, sus sacudidas a lo Joe Cocker, sus camisas estampadas con estrellas y sus declaraciones pacifistas, nos avisan de que Miguel Ríos puede dominar durante las próximas décadas el nuevo lenguaje del rock.
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