Gary Moore, amante como pocos del blues, perpetró su incursión en el heavy metal de forma inteligente con su esbelta combinación de impacto metálico y guante pop; la respuesta perfecta a las exigencias de la época de la mano de un impresionante guitarrista que todavía conserva reflejos y capacidad de sorpresa escogiendo con gusto sus versiones y evitando solos superfluos.
Los kamikaze Motorhead constituyen los rugidos más sinceros del heavy metal. Obsesionados por los bombardeos caóticos, se mantienen en marcha a través de diferentes reencarnaciones, a cual de todas más bestial. Como bestia es Ted Nugent con su estética de taparrabos cavernícola y su acoso eléctrico que tan enormemente popular le hicieron en los setenta. Espectacular guitarrista, creará escuela con su sonido terco de metal afilado. Un reaccionario en general -caza sus propios alimentos, es fanático de las armas y las letras sexistas- como su propia música.
Por su parte, menos potente pero igualmente efectivo, surge el acero alemán de Scorpions, quienes pueden presumir de éxito en emisoras no especializadas gracias a sus guitarras desaforadas, pero sobretodo a sus impagables y espléndidas baladas.
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