Chris Blackwell, jamaicano de piel blanca y fundador de Island Records, quedará impresionado por aquella música rebelde de gargantas afligidas, bases esponjosas e inmensa fuerza interior. No pasará mucho tiempo hasta que se decida a lanzarlos internacionalmente a través de su compañía, pero la tarea no se presenta fácil; The Wailers cantaban en un inglés extremadamente hermético, expresaban una realidad muy localista y tenían un estilo musical y de conducta que no gozaban de demasiado respeto más allá de su reducido círculo de seguidores. Aún así, y buscando la dignidad necesaria para aquel producto, The Wailers obtendrán todo tipo de lujos; calculadas campañas de promoción, portadas cuidadas, cantidades de horas de estudio...
En 1973 publicarán sus dos primeros trabajos bajo la atenta mirada de su mentor. Para muchos serán simplemente un par de disparos al aire que pasan muy lejos de la diana. Sin embargo, su densidad emocional no parece pasar inadvertida a los oídos más exigentes. Basta con decir que entre sus canciones se encuentra una joya que más tarde también convertirá en clamoroso éxito el mismísimo Eric Clapton.
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