Sin embargo, Tom Waits no empezará con buen pié su regreso a esta nueva realidad: su casa de discos le abandona mientras la prensa especializada le sitúan musicalmente en un callejón sin salida. Afortunadamente para él y para todos los que se congregan alrededor de este talento que tan sabiamente ha sabido arriesgarse, Island Records le ofrecerá un suculento contrato que le dotará de nueva fuerza creativa: en 1983 su nuevo trabajo contendrá una esencia y teatralidad que traspasarán cada uno de los surcos del disco gracias a intrincadas estructuras sonoras, instrumentación exhuberante -llena de marimbas y percusión casera- y sobre todo, una voz más profunda que nunca, un rugido capaz de fundirse con cualquiera de los instrumentos o simplemente acallarlos a todos.
Hoy, casado, con hijos, abstemio, con más de una veintena de trabajos en su haber, protagonista de íntimos conciertos -no actuará en España hasta 2008- y sólido actor teatral, sus discos siguen desprendiendo la fuerza de sus comienzos, aunque por suerte, mirando intensamente hacia delante.
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