Con el tercer trabajo de Triana se producirá la unanimidad entre la crítica y los medios de comunicación, logrando que entre 1979 y 1981 el grupo sea uno de los que más venda y actúe. Ya se habla de rock con raíces; paradójicamente esto ocurre cuando, internacionalmente, el punk y la new wave están acabando con la hegemonía de las grandes bandas de los setenta, espejo en el que gusta de mirarse el grupo. Pillados a contrapié, Triana unirá a tal desfase lo poco que tienen de convincentes sus actuaciones en público en un tiempo en que la juventud busca nuevos vientos de cambio más alejados de la inacción de aquellos años. En 1983 se producirá un tibio intento de renovación con ritmos cercanos a las pistas de baile, pero que no resolverá el problema.
Lamentablemente ya no habrán nuevas oportunidades: Jesús de la Rosa, teclados, voz y principal compositor del grupo, muere tras un accidente de automóvil e inmediatamente Triana desaparece. Ni el fallecimiento ni la disolución del grupo tendrán gran eco en los medios.
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