Iron Maiden constituye la cabecera de la ola del heavy metal que surge en Gran Bretaña a finales de los setenta. Nadie como ellos para conjurar los fantasmas del pasado con energía, técnica y épica mitológica. Guitarras reencarnadas y agraciadas melodías esquivando los cambios de ritmo. Llevan el nombre de una tortura medieval y The Tropper, el horrible monstruo de las portadas de sus discos es popular en todo el mundo. Sus camisetas, de riguroso luto, las más vendidas. Coetáneos del punk, romperán aguas en el Londres de los tiempos duros para, con el paso del tiempo, seguir en el fragor de las grandes giras en las que destacan los gritos agudos y compulsivos de su cantante.
Por su parte, Judas Priest cuenta con unos inicios fríos como el metal. Pero solo hasta que descubran la peligrosa atracción del público por su nueva imagen: uniformes nazis, cuero sadomasoquista y violencia urbana. Crecidos entre los grandes dinosaurios del heavy y las nuevas generaciones metálicas, sigue siendo una de las mayores atracciones del género. Bajo el auspicio de letras machistas y música tópica, siguen construyendo canciones coreables entre la vorágine eléctrica de sus imbatibles guitarras.
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