miércoles, 26 de mayo de 2010

Rock: sonidos del mundo (III)

Nuevas músicas para el viejos mundo que las recibirá con los brazos abiertos. En el Reino Unido y a mediados de los setenta, surgirán los primeros grupos que toquen y bailen ska, otro ritmo jamaicano que causará furor entre la juventud desencantada y algún que otro grupo de iluminados con fuerte carga política. A sus horizontes también llegarán otros aires procedentes del Caribe y de África. Uno de los más claros ejemplos lo representará Paul Simon, alma máter de Simon & Garfunkel que ya en solitario injertará a su música bases rítmicas africanas.
En otra parte del mundo, en el estado norteamericano de Tejas, su proximidad con México se convertirá en campo de intuitiva cohabitación entre avispados músicos chicanos y anglosajones. Ya no vale hablar de imperialismo cultural. El mundo ha quedado reducido a una aldea global gracias a las telecomunicaciones; el rock y sus equivalentes en otras sociedades y latitudes ya no pueden estar ajenos a lo que hacen sus vecinos. El pillaje de ideas será mutuo, inevitable, sobreentendido y tan colosal en dimensiones que necesitará de explicaciones más sofisticadas para su entendimiento.


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