Ya curado, Iggy Pop reemprenderá su carrera, una vez más, con la ayuda de David Bowie. Sin embargo, sucumbir de nuevo a las drogas le resultará muy fácil durante una de sus giras americanas: todo aquel que en su vuelta quería seguir viendo a un personaje atormentado y destrozado, acabó teniéndolo.
Por suerte, a partir de los primeros ochenta su vida pasó a ser un lento proceso de restablecimiento personal. Obsesionado por como se sentiría estando completamente sobrio y preocupado de que su promiscuidad sexual pudiera entrometerse en su música y en su salud, de pronto siente añoranza por la vida hogareña. Aquella bestia de mirada diabólica, el más morboso espectro que jamás haya habido sobre un escenario, hoy juega al golf, esquía, practica surf, no toma drogas, no bebe, intenta dejar de fumar y está felizmente casado. Incluso alguno de sus viejos trabajos son calurosamente recibidos por las nuevas generaciones. De los nuevos, algunos hasta entran en las listas de éxito, algo que nos devuelve a un Iggy Pop optimista. Tanto que a sus casi entrado en los setenta, cree que sus mejores discos llegarán dentro de cinco o diez años.
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