La decadencia de aquella dorada etapa del pop español se acentuará con la vuelta, llena de fuerza y con nuevas propuestas, de solistas descafeinados como Karina o Marisol, e intérpretes más comprometidos como Joan Manuel Serrat y Luís Eduardo Aute. Infinidad de nuevos cambios que vendrán acompañados también de un sentido crítico muy acusado respecto a las formas y contenidos de las canciones; un claro ejemplo será lo que denominaron nova cançò, que interpretada en catalán, y con Serrat como mayor exponente, logrará una cierta implantación a nivel nacional ahondando en temas como la injusticia, la pobreza o la opresión. A esta temática comprometida, se añadirán además, los sentimientos pacifistas y libertarios de los hippies, y todas sus secuelas.
Y en medio de toda esta disputa llegará el asunto de Eurovisión en 1968; la rápida sustitución de Serrat -que se niega a cantar en otro idioma que no sea el catalán- por Massiel y la polémica que esto desata antes y después del triunfo de la representante española, iniciará un periodo de desconfianza de los poderes políticos hacia los músicos pop que hasta entonces habían quedado bastante al margen de la censura y la represión.
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