Pantomimas como en las que simulan inyectarse en pleno concierto convertirán a Velvet Underground en la imagen más irresponsable y falsa del mundo del rock. Imagen de mártires rotos al borde siempre del último trance que resultarán infalibles en su circo mitómano y que, amplificadas por cierta crítica, ayudarán a extender el fantasma de la heroína con todas sus consecuencias.
Sin embargo, pese a tan malas referencias, sus miembros son chicos cultos que residen en la Universidad de Siracusa -más que nada en sus bares- y que pronto intercambiarán versiones de rhythm and blues. Lou Reed, poeta urbano de voz limitada pero de gran afectación, había crecido entre colegios caros, clases de piano y psiquiatras. A los quince años ya había grabado un single, y tras graduarse ya empezará a componer para pequeños sellos independientes con quienes registrará algún que otro trabajo. En 1964 conocerá a John Cale, músico galés con beca para estudiar en Estados Unidos, y que no tardará en descubrir en el rock el vehículo a su conceptualismo destructivo.
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