No habrá nuevo disco de Bruce Springsteen hasta 1980, cuando en el mes de octubre se publique The river. Concebido como un compendio de todo lo hecho hasta el momento, pero también como una colección de estilos e influencias donde el soul, el rockabilly, la balada o el country seducen por igual. Será este doble álbum, a ratos festivo y a ratos melancólico, el que le abra definitivamente todos los mercados. Una triunfal exhibición de sus dotes como intérprete y compositor, un verdadero caudal de sonido y sentimientos donde su interés por lo social, por las personas de carne y hueso, cuaja en canciones tan entrañables como la que da título al disco, donde la historia de su hermana y su cuñado nos muestra un amplio repertorio de la dureza cotidiana a la que ha de enfrentarse la gente que Bruce Springsteen ha elegido como héroes: verdaderos desheredados cuyo horizonte no va más allá de desempleo, las dificultades económicas, los embarazos no deseados, el hastío y la desesperanza. Injusto final para los sueños adolescentes de la clase obrera que tan fielmente retratará en cada una de las canciones del disco.
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