Aunque se cita a España como trasfondo histórico, la verdadera exportadora de la latinidad musical y fuente por entonces de ese toque español, será la bella Cuba. Desde la música tradicional culta, al rock, nada -ni el jazz, ni el blues o el pop contemporáneo, se ha visto libre de su dosis de latinidad. Cuba se erigirá como astro central de estos nuevos ritmos mientras que Puerto Rico, Colombia, Santo Domingo o México asumirán el nada despreciable papel de planetas menores. Los años treinta contemplarán la introducción de la música cubana como sub-estilo de éxito en la corriente global de la música popular norteamericana. Los cuarenta alumbrarán la cálida y creativa fusión conocida como jazz latino. En los cincuenta, la emergente cultura rock incorporará pinceladas latinas desde sus primeros pasos; maracas, rumbas y aromas caribeños desembarcan a través de las costas de Florida y Nueva Orleans sin complejo de inferioridad alguno. Los años setenta se presentarán agitados en lo político y un tanto pragmáticos en lo musical.
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