En los setenta, España también se verá sorprendida por el rock urbano, estilo que día a día se irá haciendo más duro y consciente de su poder, sobre todo en las grandes ciudades y en especial Madrid. Como desenterrando una imaginaria hacha de guerra, serán muchos los grupos que estén dispuestos a sostenerla en apoyo de gente como Coz, Leño, Asfalto, Topo, Ñu y una larga lista de bandas que interpretan una mezcla de rock progresivo y sinfónico escasamente imaginativo que, sin embargo, servirá de embrión al popular heavy metal español de los ochenta, década en que estos grupos explosionarán definitivamente -la mayoría bajo el sello independiente Chapa- llenando polideportivos y logrando sus primeros discos de oro.
Otros como un Ramoncín provocador, o unos Burning excitantes, emergerán entre comparsas de cierto prestigio como Tequila, para crear años más tarde el caldo de cultivo propicio de otro estilo propio de la época: la nueva ola.
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