En 1974, Triana había abandonado en gran medida su amor por las raíces del blues y el rock americano, influenciados también por los consejos de Camarón de la Isla y otros "cantaores" que sugerían el empleo del castellano junto con ritmos autóctonos, como forma de un desarrollo musical netamente hispano. Su primera etiqueta hablará del trío como de "unos King Crimson sevillanos" cuyo primer trabajo, grabado sin mucho apoyo por parte de su compañía discográfica, se revelará como uno de los mejores discos de la historia del pop español, repleto de canciones cargadas de levitación y trascendencia; la base de la leyenda del sonido de Triana.
En 1977 su segundo trabajo supondrá la confirmación de su estilo; también el comienzo de una reiteración en sus esquemas musicales, algo que se mantendrá hasta el fin de su existencia y su obra. Y aunque el disco no es tan deslumbrante como el anterior, serán varios los temas que lleguen a un público cada vez más amplio a pesar del silencio de los medios de comunicación.
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