En 1973 llegaría la mayor extravagancia del heavy metal: un grupo cuya apariencia parece sacada de un cómic y se hace llamar Kiss. Escupían sangre, echaban fuego por sus bocas, y simulaban desastres nucleares y accidentes mientras su líder Gene Simmonds mostraba y movía sin parar su larga y viscosa lengua. Durante su etapa de máximo esplendor -casi una década intensa- ninguno de sus miembros podrá fotografiarse sin su característico maquillaje, máscaras en blanco y negro bajo las cuales habitaban cuatro tipos de lo mas normal. Todo un montaje traducido en treinta millones de discos vendidos donde la música convencional acabaría imponiéndose a los zapatos de plataforma. Un fenómeno social de enfervorecido culto que empujaría a la mismísima Marvel a editar sus aventuras en cómics cargados de leyenda -se dice que la tinta empleada para ello estaba mezclada con sangre de sus componentes- y que en los ochenta, acabada la función y la inspiración, se quitará la máscara. Por su parte, Nazareth, escoceses y nacidos en 1969, derivan en un heavy metal profundamente atraído por los sonidos californianos y las composiciones folk. Algo que no les ha impedido nunca gozar de un notable éxito incluso fuera de los circuitos del género.
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