A modo de homenaje, en 1985 se publicará el álbum póstumo de Triana, que aprovecha unas cuantas canciones que han quedado grabadas y a las que se le añade una potente instrumentación. Su guitarrista lo intentará en solitario y con idénticas pautas a las del grupo, pero tras dos trabajos, 1987 marcará el final del trayecto.
Aunque no puede decirse que hicieran una música bailable y divertida, Triana se convirtió en acompañante ideal para ese "hippismo" retardado que se desarrolló en España desde la mitad de los setenta hasta los primeros ochenta, y al que se apuntaron jóvenes de todos los rincones. Sus temas sobre búsquedas, ilusiones, sueños, libertad, sol y amor entonaban perfectamente con una cultura colectiva e idealista que contaba además con el "porro", la absenta y el saco de dormir como complementos. Pero sería injusto ignorar que también fueron algo más, hasta el punto de lograr unos resultados más que convincentes en sus particulares intentos de fusión del pop y el rock, y todo con el ritmo hispano como fondo.
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