Pero aunque Chuck Berry sea un tipo listo con suficientes atributos como para ganarse un puesto privilegiado en esto del rock and roll, su gloria no se librará de miserias. En 1959 se trae desde México a una chica de origen apache a la que da trabajo en su local de Saint Louis. Unos meses después, esta se presenta ante la policía, declara tener 14 años y acusa al cantante de empujarla a la prostitución. Su mundo se derrumba y sus explicaciones sobre que él solo quería aprender español y que nada sabe sobre las actividades de la chica en su tiempo libre, resultan inútiles. Procesado por trata de blancas, es declarado culpable y condenado a casi tres años de cárcel. Cuando en 1963 vuelva a ser un hombre libre, descubrirá que todo ha cambiado, que curiosamente su figura se ha revalorizado gracias a jóvenes músicos que han crecido durante sus años dorados, y no sólo en Norteamérica. Desde Inglaterra llegan los Beatles, los Kinks, los Yardbirds, los Rolling Stones...y todos ellos deudores confesos de su música. Los escenarios le reciben con los brazos abiertos.
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