Avanzan los años 60 y Elvis Presley vive entre refritos cinamatográficos y Graceland, su nueva mansión. Irrumpen los Beatles, Bob Dylan, Otis Redding...pero el no parece darse cuenta. En 1967 se casa y al año siguiente nace su única hija reconocida y verdadero talismán con el que enderezar el rumbo perdido: su reaparición en un programa de aquellas navidades nos devolverá a la fiera de los viejos tiempos masticando viejos éxitos y nuevo material que está a su altura, convirtiendo su regreso en una milagrosa reaparición. Volverá al número uno con la apabullante Suspicious mind, a la que precede uno de sus clásicos: In the ghetto, canción que entraría a formar parte de lo que más tarde se llamaría canción con mensaje. Su vuelta triunfal a los conciertos en directo le llevará a convertirse en la atracción anual de un mastodóntico hotel en Las Vegas, un paraíso que acoge al cantante con un calor que él devuelve en forma de aparatosos conciertos, retransmisiones vía satélite y un aluvión de discos irregulares.
2 comentarios:
Mis sentimientos hacia Elvis siempre han sido contradictorios. Nunca me terminó de llenar y siempre he pensado que había artistas negros que ejecutaban tan bien o mejor que él esas mismas canciones. También tendríamos que medir qué parte del éxito de Elvis pertenece a Jerry Leiber y Mike Stoller. Aún así le reconozco una manera muy peculiar de cantar y sobre todo su capacidad de atraer al público blanco hacia una música de color.
Sin embargo esta última época me recuerda a cuando Ray Charles (le he echado de menos en este repaso) pasó de Atlantic a ABC Records. Probablemente los temas pueden ser incluso mejores que los antiguos (Suspicious Minds e In The Ghetto son enormes) pero la inevitable orquestación (Georgia on my mind me viene a la cabeza) y la profundización en terrenos más alejados del rock les hacen perder mucha frescura. Me quedaré siempre con los inicios.
Quique, veo que me serás de gran ayuda...en cuanto a Ray Charles, no dudes de que su talento tiene capitulo propio...
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