Se promociona a numerosos artistas que con sus canciones prefabricadas y sus simpático aire de aficionados, se ganan el afecto -y los dólares- de las jóvenes norteamericanas. La lista es interminable, pero pocos tienen algo que ofrecer más allá de un aspecto agradable. Podemos encontrarnos con Pat Boone, descendiente del famoso explorador Daniel Boone, y personificación de la reacción contraria al desenfreno anterior. Puede hacer rock and roll pero prefiere cantar baladas modernizadas. Es el ídolo ejemplar, casado y con hijos, que compatibiliza la música con los estudios universitarios. Nada de picaresca en su vida: baste como ejemplo que en sus contratos cinematográficos exige no besar a la chica. Y por si alguien tiene dudas, se atreve con la publicación de un libro para quinceañeras donde recomienda renunciar al sexo prematrimonial, mantener una presencia agradable y sobre todo no caer en la tentación. No es de extrañar pues que su carrera acabe orientada de modo exclusivo hacia las canciones religiosas.
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