lunes, 15 de marzo de 2010

El nacimiento del rock L

De tan larga constelación de estrellas fugaces estaba claro que solo se salvarían aquellos que tuvieran algún tipo de talento musical. Como Paul Anka, un canadiense que compone sus propias canciones y triunfa en 1957 con la subime Diana, relato de su amor imposible por una chica mayor. Neil Sedaka demostrará una gran habilidad para grabar memorables odas al mundo adolescente. Otros como Bobby Darin, Dion and The Belmonts, Brenda Lee o Del Shannon dejan constancia con sus canciones de que ellos son algo más que productos de escaparate. Todos ellos son excepciones en un panorama de manipulación y explotación intensiva, de canciones fabricadas en serie por profesionales que presuponen una escasa inteligencia en el receptor. Hasta 1962, las compañías discográficas seguirán lanzando ídolos de consumo rápido en lo que se puede considerar el inicio del pop, un género que en sus principios no ofrecerá un balance muy aprovechable: la mayor parte de estas grabaciones quedarán como fotos retocadas de una época lejana con cierto aire falso.


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