Amor por el ritmo, alegría en movimiento, deseo carnal, ritual de cortejo...todo confluye y se amalgama en los incontrolables bailes surgidos a principio de los sesenta. El rock es una música que lleva en sus notas el ritmo, el desenfreno del baile y por si fuera poco, ahora se erige en reclamo sexual. ¿Cuando se había visto semejante mezcla de exhibición gimnástica y pudor entre los adolescentes a la hora de bailar?. No sólo estaba cambiando toda la banda sonora de una generación, no sólo eran nuevas letras y ritmos, sino también el modo de moverse por la vida y las pistas de baile. Surgirá la vivacidad rítmica del boogie y aparecerá el terremoto acrobático del rock and roll a escape libre. Pero la auténtica locura vendrá con el twist, que de la mano de un desplumador de pollos llegará a encandilar a media humanidad a base de restregones de imaginaria toalla. Aceptable síntesis para una de las carreras más fulgurantes del mundo del pop, la de un ciudadano de Filadelfia al que la historia recordará como Chubby Checker.
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