Roy Orbison, el vaquero solitario, personifica mejor que nadie la lucha contra la adversidad. Supo sobrevivir no sólo a los diferentes cambios de tendencia que se han ido sucediendo en la música, sino también a varias desgracias personales que parecían perseguirle. Fue uno de los grandes poetas musicales del pop de los sesenta con esa voz que matizaba de forma exacta todo aquello que interpretaba, y una técnica esplendida. Todo vestido de blanco o de negro, su imagen podía resultar algo grotesca: feo, con penados horteras, gafas de concha, pálido, sin mover más músculo que la boca en un autocontrol fuera de lo normal, y cantando con su guitarra al amor y a la soledad.
Su carrera tardará en arrancar, justo cuando encuentra la música adecuada para su voz. Una música con gran carga romántica que terminará por calar entre buena parte de los jóvenes de su época.
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