Se dice, y es una opinión extensamente difundida, que el mito fundacional del rock tiene como piedra angular a Elvis Aaron Presley, cuando a los 19 años y en compañía del bajista Bill Black y el guitarrista Scotty Moore, se encierra en el diminuto estudio de grabación del sello Sun Records, en Memphis. Su dueño, Sam Phillips, gusta de proclamar que hay millones de dólares esperando al que descubra a un cantante capaz de combinar el blues negro y el country blanco. Y eso es lo que ocurre en 1954 cuando Elvis registra, como regalo para su madre, That's alright mama, una pieza del compositor e intérprete de blues Arthur Cudrup, consiguiendo una versión mucha más dinámica que la original. Al mismo tiempo que demuestra una capacidad de síntesis, una sensualidad natural y una presencia escénica que terminarían por convertirlo en el rompehielos de una música hecha -gran novedad- por y para jóvenes: el rock and roll.
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