Pero Carl Perkins es también un caso de mala suerte y tragedia, algo que con el tiempo y los acontecimientos terminará por quedar tan sumamente pegado al propio rock, que sería difícil de entender este sin la sazón melodramática de unas vidas turbulentas. Camino de un show televisivo, un accidente arrancará la vida de su hermano y compañero en el grupo, así como la de su mánager. Perkins sufrirá una fractura de cráneo que le dejará fuera de circulación durante un año, demasiado tiempo cuando no se ha hecho más que empezar. Aún así, en el momento de su reaparición fue capaz de realizar trabajos de una magia y una originalidad memorables que sin embargo no llegarán a convertirlo en gran estrella: entre otras cosas porque su carácter reservado y modesto le harán rechazar anticipadamente las posibles servidumbres que una gran popularidad podían traer consigo. Él, que había empezado tocando en los bailes country de su pueblo, seguiría su carrera por los polvorientos caminos del sur.
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